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lunes, 2 de junio de 2008

Una enferma de sida denuncia que Vivienda la ha condenado a vivir en un barracón por ser transexual


No debe haber en Canarias un ser humano cuyo historial médico acredite con más rotundidad el derecho a una vivienda de protección oficial y la atención social máxima por parte de las administraciones públicas que Manuel Trujillo, Loli.

Esta transexual de 35 años padece sida desde 1994 y ha perdido el olfato, se somete a diálisis, sufre Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (Epoc), no tiene visión por el ojo izquierdo y, en suma, tiene una frágil y muy preocupante salud, tal y como señalan los informes médicos. Hace unos meses Loli Trujillo estuvo muy grave pero aun así, con el cuadro médico que describimos, el Ayuntamiento de San Bartolomé de Tirajana considera que no tiene derecho a la vivienda que lleva solicitando desde el año 1995.

Además, la trabajadora social de la zona de la Dirección General de Vivienda del Gobierno canario que realiza los informes que finalmente puntúan para ser adjudicataria de un techo la trata "con desprecio", según asegura. "Una enfermedad, en este caso de la gravedad de la mía, no puntúa; pero yo sé que en Vivienda me discriminan por tener sida y por ser maricón. ¿Qué otra explicación tiene?", dice Loli, que se ha puesto en contacto en Madrid con colectivos que protegen los derechos de los transexuales y ha descubierto que hay decretos que la amparan, así que su lucha ni es solitaria ni está basada en el humo.BARRACA MISERABLE.

A Loli, que vive en El Matorral (Juan Grande), le ha costado mucho dar el paso de hacer pública su historia porque sabe que la sociedad tiene su parte cruel y no está preparada para ese encontronazo, pero lleva 13 años esperando una casa y ésta no llega. Las últimas que adjudicarán en San Bartolomé, cuyo listado provisional se conocerá en breve, también le han dado la espalda, por eso ha dicho "hasta aquí llego" y con el apoyo de Amigos Contra el Sida, que conocen su caso, ha dado el paso de relatar su calvario y su marginación por parte de la Administración, de su municipio y del Gobierno canario.

Loli vive en una mísera barraca prefabricada que sustituyó la cuartería en la que habitó con anterioridad, ambas en la zona de El Matorral (Juan Grande); su vida ha estado en peligro en varias ocasiones, la última hace unos seis meses en el Hospital Insular donde es conocida por sus idas y venidas. Loli es resistente a diferentes fármacos antirretrovirales por lo que los médicos que la tratan en el Insular la han encuadrado en el grupo C3, lo que significa que es una de las pocas pacientes de Canarias que es tratada con una medicación "compasiva" que llega de Estados Unidos. Con ese cuadro, mejor no hablar de su estado de ánimo.

Va de depresión en depresión, viviendo en una casucha que en verano alcanza en su interior temperaturas que rozan los cincuenta grados. Por no hablar de que la barraca está situada a pocos metros de los tomateros cuya tierra es regada de azufre antes de plantar que acaba respirando Loli. La comida que Loli tiene en la barraca debe estar herméticamente cerrada para evitar el azufre y los bichos. "¿Qué tienen estos contra mí, si yo no le hago daño a nadie?", se pregunta.

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