DOSCIENTOS metros es la distancia que separa, por ley, a dos hombres que en el pasado se quisieron. La cifra la marca una orden de alejamiento aplicable durante los próximos seis meses. F. J. M.M., onubense residente en Mérida, ha denunciado a su marido por presuntos insultos y malos tratos en el domicilio familiar. Éste, a preguntas de la redactora, asegura que nunca ha existido tal agresión, que lo que cuenta F. J. M. M. es mentira y que pondrá el caso en manos de un abogado.No obstante, el presunto agredido desea hacer pública su experiencia personal y mostrar que situaciones como la suya no sólo afectan a las mujeres ni a matrimonios tradicionales. Desea hacer saber y concienciar a la sociedad de que «los hombres también pueden ser víctimas de insultos, humillaciones y agresiones». Y por otros hombres.Según cuenta F. J., él y su presunto agresor se conocieron, se enamoraron y decidieron dar el paso de contraer matrimonio. Y lo hicieron con una boda que el denunciante recuerda como «idílica». La celebraron fue en uno de los lugares más bonitos y con más historia de la ciudad. F. J. M. M. y su novio se casaron en agosto de 2006 en el Teatro Romano de Mérida. Ésta fue una de las primeras bodas entre homosexuales que se celebraron en la ciudad y la primera entre dos personas del mismo sexo en el que la diosa Ceres era testigo de excepción. Todo iba bien entre ellos, explica. Tan bien que decidieron montar una constructora juntos. F. J. sabe del tema: es aparejador y actualmente trabaja en una gran empresa del sector.Pinchar aqui para leer mas



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